La ciudad como aliada de la naturaleza

  • Modelo de ciudad
  • Lejos de expulsar la biodiversidad, las ciudades pueden integrarla en su diseño, convirtiéndose en ecosistemas vivos donde fauna, flora y bienestar urbano conviven.
  • Algunas especies urbanas pueden sorprender al ojo no experto: ¿sabías que en los rascacielos de ciudades como Madrid anidan halcones peregrinos?

Durante mucho tiempo, la ciudad y la naturaleza parecían conceptos opuestos. Hoy sabemos que la urbe no tiene por qué ser un territorio ajeno a una fauna y flora valiosas ni a entornos verdes llenos de biodiversidad. Al contrario, puede convertirse en un ecosistema dinámico donde la naturaleza encuentre nuevas oportunidades para adaptarse y evolucionar.

Este enfoque obliga a repensar el urbanismo, pues si aceptamos que la ciudad también es su hábitat, el diseño urbano debe convertirse en una herramienta ecológica. Hablamos entonces de un urbanismo biodiverso, una planificación que no se limita a añadir zonas verdes, sino que integra procesos naturales reales en la estructura urbana.

La ciudad como ecosistema vivo

Más allá de mascotas y animales domésticos o de los patos que encontramos en algunos estanques en los parques o las aves urbanas clásicas, como gorriones, palomas y urracas, en las ciudades habitan animales de todo tipo, algunos de ellos sorprendentes para la mirada no experta.

La cigüeña blanca es quizá una de las imágenes más reconocibles de la biodiversidad urbana en España. Tradicionalmente asociada a campanarios y torres históricas, hoy también instala sus grandes nidos en edificios modernos, grúas o torres eléctricas, integrándose en el paisaje de ciudades como Alcalá de Henares, Cáceres o Salamanca.

En el municipio de Madrid, sin ir más lejos, hay una población muy visible en zonas como la Casa de Campo e incluso algunos nidos dentro del casco urbano. El halcón peregrino es otro de los ejemplos más fascinantes de adaptación urbana en nuestro entorno. Tradicionalmente ligado a cortados rocosos y acantilados, ha encontrado su hábitat en los rascacielos y torres de ciudades como Madrid o Barcelona.

No son visitantes ocasionales, sino que muchos de estos animales han aprendido a adaptarse al ritmo urbano. Y es que la presencia de fauna silvestre en la ciudad cumple funciones ecológicas esenciales. Los insectos actúan como polinizadores, permitiendo que muchas especies vegetales se reproduzcan y mantengan su diversidad. Otros animales, como las ardillas y algunas aves, actúan como dispersores de semillas y, al almacenar alimento, favorecen la aparición de nuevas plantas y la regeneración espontánea de zonas verdes. Además, determinadas especies carroñeras contribuyen activamente al equilibrio sanitario del entorno urbano, como las gaviotas, que ayudan a eliminar los restos orgánicos. La lista de funciones ecosistémicas es larga. Por ejemplo, las pequeñas y esquivas lagartijas ejercen un control biológico sobre insectos. En definitiva, integrar hábitats adecuados para esta fauna no es solo una cuestión ambiental, sino también una estrategia inteligente para reforzar la salud de la ciudad.

La naturaleza en la ciudad

Cigüeñas en Malpartida (Cáceres)

Espacios urbanos para la naturaleza

Para albergar vida animal, la ciudad  precisa disponer de suficientes áreas verdes que sirvan de cobijo y alimento. Las ciudades deben tener espacios adaptados para su supervivencia. Un ejemplo claro es Alcalá de Henares, en Madrid, ciudad Patrimonio de la Humanidad, donde el ayuntamiento realiza un mantenimiento periódico de las decenas de nidos de cigüeña asentados en torres y monumentos históricos. Su presencia se ha integrado en la identidad local, creando incluso una ruta turística dedicada a las cigüeñas. En la misma línea, Girona impulsa el proyecto GiroNat, una iniciativa que promueve la renaturalización urbana mediante la mejora de la infraestructura verde y azul y la aplicación de soluciones basadas en la naturaleza. El objetivo es transformar la ciudad en un entorno más verde y saludable donde la convivencia con la naturaleza sea parte estructural del modelo urbano. También se construye desde intervenciones más discretas como cubiertas verdes, patios naturalizados o parques lineales. En Europa, uno de los ejemplos más conocidos de esta integración, por su espectacular diseño, es el Bosco Verticale de Milán. Estas torres residenciales incorporan miles de árboles y arbustos en sus fachadas, creando un microhábitat vertical que contribuye a reducir la contaminación, regular la temperatura y atraer aves e insectos. Más allá de su imagen icónica, el proyecto demuestra que la arquitectura puede convertirse en soporte activo de biodiversidad.

La naturaleza en la ciudad

Bosco Verticale de Milán (Foto: stefanoboeriarchitetti)

Corredores verdes: conectar para que la vida fluya

En este contexto, las llamadas Soluciones Basadas en la Naturaleza (SBN) se consolidan como una estrategia clave. No son simples actuaciones paisajísticas, sino intervenciones diseñadas para resolver retos urbanos, como el calor extremo o la contaminación del aire, a través de procesos ecológicos, aportando verdadera “infraestructura verde”, tan importante como otros tipos de infraestructuras urbanas. El Ayuntamiento de Madrid ha desarrollado un Manual de Soluciones Basadas en la Naturaleza que sistematiza este enfoque y donde se recogen herramientas como la creación de dichas infraestructuras verdes, la renaturalización de espacios públicos o los sistemas urbanos de conectividad ecológica. Las especies necesitan desplazarse para alimentarse, reproducirse y mantener diversidad genética y por esto los corredores verdes se han convertido en infraestructuras estratégicas. El proyecto Madrid Nuevo Norte apuesta por esta visión integradora, y entre las medidas en esa dirección está la creación de corredores medioambientales capaces de conectar la biodiversidad de El Pardo con el tejido urbano. El objetivo es tejer una red continua de espacios verdes que facilite el tránsito de especies y acerque la naturaleza al día a día de los ciudadanos. Incorporar la naturaleza en la ciudad implica diseñar con criterios ecológicos, pues como afirma el biólogo evolutivo Menno Schilthuizen,  “las ciudades no son el final de la evolución, sino una nueva etapa”. Un urbanismo biodiverso bien planificado puede favorecer especies, equilibrar ecosistemas urbanos y aumentar la conexión entre fauna, flora y ciudadanía.

29 mayo 2026

Autor

Madrid Nuevo Norte


29 mayo 2026

por Madrid Nuevo Norte