29 julio 2026
por Madrid Nuevo Norte
Cuando el arquitecto Robert Venturi estudió Las Vegas en los años 60, lo que vio le hizo romper por completo con el estilo de líneas rectas y fachadas austeras imperante por aquel entonces. En su ensayo Aprendiendo de Las Vegas (1972), escrito junto con Denise Scott Brown y Steven Izenour, analizó cómo, en determinados contextos, la arquitectura funciona como un sistema de signos en el que el símbolo puede llegar a ser más determinante que la propia estructura. Un rótulo luminoso podía llegar a ser más importante que el edificio. Era lo que hacía que un conductor frenara y entrara en un local. Pero Venturi fue un paso más allá: para él, si un local vende perritos calientes… debe tener forma de perrito caliente.
Y es que hay construcciones que ni siquiera necesitan un cartel porque ellas mismas son el mensaje. El ejemplo que usó es The Big Duck, en Long Island. Se trata de una tienda en forma de pato gigante construida en 1931 por Martin Maurer, un criador de patos, para vender sus productos. Este pintoresco “edificio”, hecho de madera recubierta de cemento y malla metálica, mide más de seis metros de alto y sus ojos son, en realidad, las luces traseras de un Ford Model T. Venturi utilizó este ejemplo para definir lo que llamó “edificio pato”: una construcción cuya forma expresa directamente lo que representa o vende. Es una arquitectura mimética en la que función, imagen y significado se integran totalmente en una figura reconocible. Esta perspectiva, rompedora, iconoclasta y un poco gamberra, fue clave en el desarrollo de la llamada “arquitectura posmoderna” y sigue presente en algunos de los edificios más inusuales y divertidos del mundo.

The Big Duck, en Long Island. (Foto:Mike Peel)
En respuesta al famoso less is more (menos es más), Venturi formuló su conocido less is a bore (menos es un aburrimiento). Como señala el arquitecto Eduardo Prieto, lo que Venturi vio en Las Vegas fue “el poder de una estética anónima y espontánea, el poder de lo feo y lo ordinario”, pero también una arquitectura comprensible para cualquier persona, a diferencia del austero racionalismo que había imperado casi un siglo, sobrio, cerebral y de geometrías perfectas. Por el contrario, esta arquitectura desenfadada, que entronca con lo “pop”, no exige formación específica ni contexto alguno para ser entendida.
Aunque este tipo de construcciones vivió su auge en las décadas de 1970 y 1980, también encontramos ejemplos más recientes, como el Cat Kindergarten (Die Katze) en Karlsruhe, Alemania. Diseñado en 2002 por Tomi Ungerer y Ayla Suzan Yöndel, este gato gigante es una escuela infantil. La boca del gato es la puerta principal y los ojos gigantes las ventanas. Por la parte trasera, un tobogán con forma de cola conduce al patio de juegos.

Cat Kindergarten en Alemania.
Esta arquitectura figurativa se ha utilizado sobre todo para hacer publicidad y atraer turismo en Estados Unidos, donde este tipo de construcciones tiene una larga tradición. Algunas son tan antiguas como el elefante Lucy, erigido por un empresario inmobiliario de Nueva Jersey como mirador y reclamo para atraer compradores, allá por 1881.
Un ejemplo es el Dog Bark Park Inn, en Idaho, un edificio con forma de perro gigante que funcionó como alojamiento y tienda de regalos. El proyecto fue impulsado en 2003 por Dennis y Frances, un matrimonio de artistas especializados en talla en madera que desarrollaron allí su trabajo durante décadas. Tras su jubilación en 2024, el espacio se reconvirtió en un museo gratuito dedicado a su obra que ha mantenido el carácter artesanal del conjunto.
En Tirau, Nueva Zelanda, Nancy y John Drake, una pareja de docentes, abrieron una tienda de lana que acabó transformando el pueblo. Compraron un terreno y construyeron un granero adaptado como tienda, pero el negocio pasaba desapercibido. Necesitaban algo que hiciera que los coches que pasaban por allí frenaran. Tras varios intentos, transformaron el local en una enorme oveja de chapa ondulada. El negocio se convirtió en un éxito y no necesitaron más publicidad. A partir de entonces, se levantaron otras construcciones, como un perro para el centro de información. Estas intervenciones fueron después adoptadas por la comunidad y el lugar se convirtió en la principal atracción turística de la zona.

Dog Bark Park, en Idaho. (Foto: Graystock)
En esta pintoresca liga de edificios con formas de objetos o animales, no solo encontramos pequeñas iniciativas particulares. A mayor escala, la arquitectura mimética también ha sido utilizada como estrategia de identidad corporativa por algunas empresas.
Es el caso del edificio Longaberger, en Ohio, diseñado en 1997 como una réplica a gran escala de una cesta de mimbre, el producto emblemático de la compañía. Concebido por los estudios NBBJ y Korda/Nemeth Engineering, el edificio funcionó como sede de la empresa hasta 2016, por lo que se convirtió en una forma de branding arquitectónico.
Y en Los Angeles. Frank Gehry, el conocido arquitecto del Guggenheim de Bilbao, y Claes Oldenburg, escultor famoso por sus piezas de gigantescos objetos fuera de escala, diseñaron conjuntamente el edificio Binoculares como sede de una agencia creativa. Su hall de acceso era unos gigantescos prismáticos posados en el suelo.

Edificio Longaberger, en Ohio (Foto: Niagara66)
Un caso en el que la forma animal se vincula directamente con la identidad del lugar es el Gagudju Crocodile Hotel, en el Parque Nacional de Kakadu, en Australia. Inaugurado en 1988, este edificio de unos 250 metros de longitud tiene la forma de un cocodrilo, una figura central en el imaginario de los pueblos originarios de la región. El resultado es una infraestructura turística que, además de atraer visitantes, se integra en el paisaje cultural del territorio.
Otro ejemplo a gran escala es el Elephant Building, en Bangkok, inaugurado en 1997. Con 32 plantas y 102 metros de altura, este edificio reproduce la silueta de un elefante en la que se distinguen sus ojos, trompa y colmillos. Gracias a este diseño, se ha convertido en uno de los edificios más reconocibles de la capital tailandesa y en un icono de la arquitectura simbólica del paisaje urbano asiático. Podrían citarse muchos otros ejemplos, con contextos y escalas muy diferentes: el restaurante Madi Hiyaa, en Maldivas, con forma de mantarraya; la ballena azul junto a un estanque de la Ruta 66; o el alado observatorio de aves del Martin Mere Wetlands Centre, en Reino Unido.
Más allá de sus particularidades, lo que todos tienen en común es su capacidad para atraer la mirada. Son construcciones que despiertan una sonrisa, no pasan desapercibidas y atraen visitantes y curiosos. Hoy, las redes sociales han amplificado la naturaleza icónica de esta inusual arquitectura, convirtiéndola también en imágenes para ser compartidas y viralizadas. En este sentido, podemos decir que el “edificio pato” ha encontrado en Instagram su hábitat natural.

Frank Gehry, el arquitecto del Guggenheim de Bilbao, y el escultor Claes Oldenburg diseñaron y construyeron en 1991 unos prismáticos gigantes como sede de una agencia creativa en Los Ángeles. Foto: Steve Boland