29 julio 2026
por Madrid Nuevo Norte
Con el cierre definitivo del aeropuerto de Tegel en 2020, Berlín recuperó una pieza urbana de una escala poco habitual: unas 500 hectáreas dentro de la ciudad. Se trataba de imaginar cómo un espacio concebido durante décadas para la movilidad aérea podría convertirse en un nuevo fragmento de ciudad. En Berlín, donde la presión sobre el acceso a la vivienda se suma a la necesidad de más espacios verdes y barrios mejor conectados, esa oportunidad adquiere una dimensión estratégica. La capital alemana lleva años haciéndose una pregunta que resuena en muchas otras ciudades europeas: ¿cómo transformar las grandes infraestructuras que han quedado en desuso para responder a los retos urbanos del presente?
De esa reflexión nace Berlin TXL, un proyecto de transformación urbana impulsado por la empresa pública Tegel Projekt GmbH. Berlín TXL aspira a combinar vivienda, espacios verdes y nuevos modelos de movilidad con investigación, industria y la creación de empleo. En el antiguo recinto aeroportuario de Tegel se desarrollarán tres grandes piezas complementarias: Urban Tech Republic, un parque de investigación e industria dedicado a las tecnologías urbanas; Schumacher Quartier, el nuevo desarrollo urbano que aspira a ser socialmente diverso y sostenible; y Tegeler Stadtheide, un gran paisaje natural y recreativo de alrededor de 200 hectáreas.

Dentro de la gran transformación del antiguo aeropuerto de Tegel, Schumacher Quartier responde a una necesidad muy concreta de la capital alemana como la de crear vivienda asequible, bien conectada y acompañada de servicios urbanos de proximidad. El proyecto se levanta en el sector oriental del antiguo recinto aeroportuario, junto a Kurt-Schumacher-Platz, y ocupará unas 46 hectáreas. Allí está previsto construir más de 5.000 viviendas para más de 10.000 residentes, además de colegios, guarderías, instalaciones deportivas, comercios, equipamientos culturales y amplias zonas verdes. Uno de los aspectos más relevantes del proyecto es su foco en la vivienda asequible, pues entre el 35% y el 40% de los pisos estarán destinados a alquileres asistidos o protegidos, algo especialmente significativo en una ciudad donde el acceso a la vivienda se ha convertido en un debate central. Además, aproximadamente la mitad de las viviendas serán desarrolladas por empresas municipales.
El barrio se plantea como un distrito con prioridad para los desplazamientos a pie, en bicicleta y en transporte público y menor presencia del coche. El concepto incluye varios hubs de movilidad que concentrarán aparcamientos y servicios compartidos para liberar espacio en superficie y favorecer calles más seguras y habitables. Esta idea conecta con una tendencia cada vez más presente en la planificación urbana europea: reducir el protagonismo del vehículo privado y promover la movilidad blanda y el transporte colectivo.

A unos kilómetros de Tegel, el caso de Tempelhof ofrece una respuesta muy distinta a la misma pregunta de qué hacer con una gran infraestructura urbana cuando deja de cumplir su función original. Si Schumacher Quartier representa la posibilidad de construir un nuevo barrio sobre suelo aeroportuario, Tempelhof muestra el valor de conservar un gran vacío urbano como espacio público abierto. Su antiguo aeropuerto, operativo desde la década de 1920 y especialmente vinculado al puente aéreo de Berlín de 1948-1949, fue durante años una infraestructura clave para la ciudad y uno de los grandes símbolos de la posguerra alemana.
Tras su cierre en 2008, el viejo aeródromo reabrió al público en mayo de 2010 como Tempelhofer Feld, un gran parque urbano que hoy constituye una de las mayores superficies abiertas dentro de una capital europea. Sin prácticamente intervenciones para acondicionarlo, lo que una vez fue un espacio aeroportuario, con extensas praderas y antiguas pistas aéreas, hoy ofrece sus más de 300 hectáreas dedicadas al ocio, el deporte, el paseo, los huertos urbanos, la observación de aves o los picnics. Es ya icónica su imagen con decenas de cometas, que todos los fines de semana sobrevuelan las viejas pistas de aterrizaje.

Sin embargo, la crisis habitacional que afecta a Berlín (y, en general, a una parte importante de los países europeos) ha puesto la mirada de la ciudad sobre Tempelhof y la posibilidad de que una parte de sus terrenos se destine a la construcción de viviendas, algo que ya se sometió a referéndum en 2014 y que los ciudadanos rechazaron. Y es que la escasez de vivienda asequible en Berlín se ha intensificado de forma notable en los últimos años, reabriendo un debate que parecía cerrado.
En este nuevo contexto, el Senado de Berlín ha puesto en marcha un proceso de reflexión abierto que combina participación ciudadana y un concurso internacional de ideas para repensar el futuro de Tempelhof. Esta iniciativa, lanzada en 2024, busca explorar una amplia gama de escenarios posibles, desde la preservación íntegra del gran parque urbano hasta intervenciones más contenidas en sus bordes, incluida la eventual incorporación de vivienda, siempre manteniendo el carácter público y abierto del espacio.
El debate abierto en Berlín recoge algunos de los grandes retos que atraviesan hoy las metrópolis europeas. Cómo crear vivienda sin renunciar a los espacios verdes, cómo reutilizar grandes infraestructuras obsoletas y cómo planificar barrios más resilientes frente al cambio climático. Todas estas cuestiones estuvieron muy presentes en el congreso de urbanismo Weltmetropole Berlin, celebrado el pasado 28 de enero y organizado por la Cámara de Comercio e Industria de Berlín. El encuentro reunió a responsables públicos, expertos internacionales y agentes urbanos para reflexionar sobre vivienda, movilidad y desarrollo urbano. En ese contexto, Madrid Nuevo Norte fue presentado como un ejemplo de buenas prácticas en regeneración urbana a gran escala.
El proyecto madrileño conecta con muchos de los retos que hoy afronta Berlín, como el de transformar suelos infrautilizados, coser barrios hoy separados por grandes infraestructuras, apostar por la movilidad sostenible, crear nuevas zonas verdes y combinar vivienda, actividad económica y espacio público. Al igual que ocurre con los antiguos aeropuertos berlineses, Madrid Nuevo Norte demuestra que los grandes vacíos urbanos pueden convertirse en oportunidades para construir ciudades más habitables, eficientes y sostenibles.