15 octubre 2026
por Madrid Nuevo Norte
El crecimiento de Madrid ha estado históricamente ligado, en buena medida, a los caminos y carreteras que partían de la Villa y Corte hacia otras localidades. La calle de Alcalá, la de Toledo, la de Segovia y otras vías sobradamente conocidas y representativas de nuestra ciudad surgieron a partir de aquel sistema radial, en torno al cual Madrid fue extendiéndose y tomando forma.
Hacia el norte discurría la denominada Carretera de Francia o Camino de Irún. Su recorrido, que enlazaba el centro de Madrid con los caminos que conducían hacia Francia, atravesaba un territorio que con el tiempo quedaría incorporado a la ciudad, parte del cual se integra hoy en el ámbito de Madrid Nuevo Norte. Antes de las vías ferroviarias, las grandes infraestructuras y la prolongación urbana de la Castellana, su paisaje se articulaba en torno a esa histórica vía de transporte.
La carretera surgió a iniciativa de Carlos III, quien en 1761 promulgó un Real Decreto “para hacer caminos rectos y sólidos en España, que faciliten el comercio de unas provincias a otras”, tomando como centro la Puerta del Sol, que se establecería como Kilómetro Cero. La vía destinada a comunicar Madrid con Francia recorría la actual calle de Bravo Murillo, que entonces dibujaba un paisaje de casas bajas, comercios y toldos volcados hacia el tránsito de carruajes, caballerías y animales de carga. Desde allí, el camino continuaba hacia el norte siguiendo, en parte, el eje de lo que hoy es el paseo de la Castellana.

Hasta principios del siglo XX, el término municipal de Madrid se delimitaba a la altura de Tetuán y, algo más al sur, se encontraba la glorieta de Cuatro Caminos. Su nombre reflejaba fielmente lo que sucedía en aquel lugar: era un cruce de caminos, una parada de postas, una suerte de estación de carruajes desde la que emprender viaje hacia el norte de España y Francia.
En la plaza, entre puestos de venta que aprovechaban el movimiento de viajeros, esperaban los coches de caballos preparados para partir. Cuatro Caminos se convirtió así en un lugar de referencia para quienes entraban o salían de la ciudad, condición que se reforzó con la creación del Metro de Madrid. La línea 1, la primera del metropolitano madrileño, inaugurada por Alfonso XIII en 1919, conectó la Puerta del Sol, centro oficial de la ciudad, con este enclave estratégico. Se formó de ese modo algo parecido a un primitivo intercambiador de transportes: desde el corazón de Madrid se podía llegar en Metro hasta Cuatro Caminos y continuar allí el viaje en carruaje.

Una vez en marcha, el trayecto atravesaba la barriada de Tetuán de las Victorias por la actual Bravo Murillo. Al alcanzar el lugar donde hoy se encuentra la plaza de Castilla, el camino giraba ligeramente hacia el norte y se adentraba en un territorio todavía rural, por el eje sobre el que más tarde se prolongaría el paseo de la Castellana.
A los lados de la carretera se sucedían huertas y construcciones dispersas, entre las que destacaban ermitas y santuarios, que habían surgido junto a los caminos y servían como hitos reconocibles para vecinos y viajeros.
El viaje proseguía hacia el antiguo pueblo de Fuencarral por la calle de Nuestra Señora de Valverde, cuyo trazado conducía precisamente al santuario del mismo nombre, que hoy sigue en pie, una poco conocida joya barroca y centro de devoción local. Poco a poco, los carruajes dejaban atrás la silueta de la capital y se internaban en los pueblos de la Sierra Norte.
Aquella geografía fue transformándose a medida que Madrid crecía y se construían nuevas infraestructuras durante el siglo XX. Al norte de la plaza de Castilla, la extensión de la Castellana, la implantación del ferrocarril y de otros grandes ejes de comunicación alteró la continuidad del antiguo camino y dejó algunos de sus hitos históricos asociados, entre ellos las ermitas, aisladas y en gran medida olvidadas.

Madrid Nuevo Norte se desarrolla hoy sobre parte de ese territorio atravesado durante siglos por caminos, carruajes y, más tarde, líneas ferroviarias.
La carretera, naturalmente, ya no existe como la conocieron aquellos viajeros. Sin embargo, su huella permanece en el trazado de la ciudad, que deja constancia del paisaje anterior al ferrocarril y a la expansión urbana. Hoy, afortunadamente, y con las primeras obras de Madrid Nuevo Norte en marcha, vemos ya más cerca el momento en el que esas zonas van a volver a conectarse, claro está, con las coordenadas renovadas de la movilidad del siglo XXI.