3 junio 2026
por Madrid Nuevo Norte
¿Sabías que hubo una época en la que un marqués emprendedor fundó una empresa para rivalizar con el Canal de Isabel II en el abastecimiento de agua de la capital?
De este episodio, que comenzó en los albores del siglo XX, hoy día nos quedan huellas visibles como el Embalse de Santillana, en Manzanares el Real, una misteriosa torre semihundida de imagen medieval, y también el nombre del Canal de Santillana, conducción que recorre el norte de la región hasta llegar a la capital, atravesando Madrid Nuevo Norte, un tramo que será renovado a su paso por el principal proyecto de regeneración urbana de la capital.
Detrás de estos vestigios hay una historia poco conocida, que tiene que ver con uno de los momentos de mayor transformación de Madrid. A comienzos del siglo XX, cuando la ciudad crecía rápidamente y el abastecimiento de agua se convertía en una cuestión estratégica, el Canal de Isabel II se encontró con un inesperado competidor. En 1905, Joaquín de Arteaga y Echagüe, marqués de Santillana y duque del Infantado, constituyó la sociedad Hidráulica Santillana con el objetivo de aprovechar las aguas del Manzanares para abastecer a las zonas altas de la capital y, al mismo tiempo, producir energía hidroeléctrica.
El proyecto era ambicioso y respondía a una lógica propia de la época: integrar en una sola infraestructura el suministro de agua y la generación eléctrica. Desde 1900, el marqués contaba con una concesión de caudal del río Manzanares, lo que le permitió impulsar una red completa de presas, canales y centrales hidroeléctricas que abastecían tanto a Madrid como a municipios de su entorno. La empresa llegó a establecer su propia red de distribución en los barrios elevados de la capital, donde el sistema del Canal aún no había alcanzado suficiente intensidad, rompiendo temporalmente la exclusividad en el suministro que este había mantenido durante décadas.
Durante años, ambas entidades protagonizaron una intensa rivalidad. No se trataba solo de llevar agua, sino también de aprovechar el potencial de la energía hidroeléctrica en un momento en el que la electricidad empezaba a transformar la ciudad. Sin embargo, aquella competencia terminó diluyéndose con el tiempo: los litigios se resolvieron, las redes se interconectaron y, finalmente, las instalaciones de Hidráulica Santillana acabarían integrándose en el sistema del Canal de Isabel II, que consolidó su posición como gestor del abastecimiento en Madrid.
Pocos son los restos de esta historia que queden a la vista de los madrileños. Sobrevive aún alguna tapa de registro en calles de los barrios del norte de la capital. Desapercibidas a las miradas de la gran mayoría, en ellas aún se puede leer el texto «Hidráulica Santillana S.A.” y su logotipo, ya muy desgastados.

Tapa de registro de la antigua “Hidráulica Santillana”, en el distrito de Tetuán.
Pero el elemento más visible de aquel proyecto es el embalse de Santillana, construido en 1907 como parte de ese sistema hidráulico integral. La presa original, además de cumplir su función como infraestructura técnica, era una obra arquitectónicamente singular: fue diseñada con una estética neogótica con el objetivo de que dialogara con el cercano castillo de Manzanares el Real, vinculado históricamente al patrimonio del marquesado. En el centro de la presa se erigió una torre de toma (para captar agua a distintas profundidades) que evocaba deliberadamente una fortificación medieval, convirtiéndose en el elemento más reconocible del conjunto.
Con el paso del tiempo, el crecimiento de la demanda de agua hizo necesaria la construcción de una nueva presa, más alta y con mayor capacidad, ya bajo la gestión del Canal de Isabel II. Esta intervención supuso la transformación del paisaje original: la antigua presa quedó parcialmente sumergida, y con ella gran parte de las estructuras iniciales. Hoy, sólo emergen algunos elementos, como la torre neogótica, convertida en una especie de “Torre de Belém” a la madrileña, una puerta monumental o parte de los muros de la vieja infraestructura. Todos ellos ofrecen una singular y pintoresca imagen que deja intuir la magnitud del proyecto original.

Los restos neogóticos de la presa original de Santillana, semihundidos. (Foto: Deensel)
En cuanto al canal de Santillana, inaugurado en 1912 y todavía en servicio, es otro de los recuerdos de aquella iniciativa privada que durante un tiempo compitió con la red pública. Conectaba el embalse con los depósitos del norte de Madrid y formaba parte de un sistema de más de 30 kilómetros que permitía transportar el agua hasta la ciudad.
Hoy, más de un siglo después, el trazado de ese canal sigue formando parte del sistema hidráulico de Madrid. Atraviesa bajo tierra ámbitos clave como Madrid Nuevo Norte, donde será renovado junto con otras infraestructuras de abastecimiento del Canal por las que circula aproximadamente el 80% del agua potable de Madrid , hasta sumar 12 kilómetros de conducciones.